El lunes 3 de agosto, como estaba previsto, el clan se reunió para escalar una palestra y hacer cometas que volaran.
El primero en llegar fue César, osea yo... Llegué más o menos media hora antes de lo planeado (9:30) , así que me puse a esperar. Después llegaron Daniela y mi chalina, Diego, Manuel y Khanscer, en ese orden. Pasaba el tiempo y Diana y Barba no llegaban, por lo que decidí invocarlos, lo cual fue un éxito porque aparecieron tan pronto como realicé la invocación.
Una vez que estuvimos todos reunidos, partimos en dirección a la palestra. Avanzamos por el peligroso sendero, hasta qu epasamso en frente de la casa de Juan Diego Podestá, donde decidimos detenernos para buscarlo. Salió a recibirnos y después salió también Juan José (Wen Wei). Conversamos un rato en la puerta, y fuimos sorprendidos por la llegada de José Antonio Cegarra. Nos quedamos ahí un rato más, y después salimos de nuevo haca la palestra en busca de aventuras.
Bueno, nuestra sed de aventuras palestrenses no pudo saciarse porque una vez en la puerta del lugar, nos dijeron que Manolo y Jimmy estaban de vacaciones o algo así, por lo que no podríamos hacer palestra ese día. Estuvimos ahí en la puerta meditando y dando ideas para ver qué haríamos, y decidimos ir a la casa de Pérez para averiguar el teléfono de Tomás y preguntarle si conocía algún otro lugar para palestrear.
César guió al clan por el camino para llegar a la casa de Pérez, pero en el trayecto, Diana recibió una llamada, por lo que ella y yo tuvimos que separarnos del clan para ir a su antiguo departamento. El clan prosiguió por su camino hasta llegar al Óvalo Gutiérrez y esperó en Crisol.
Después de ir a su departamento, pasar por Brasil, Argentina, y numerosos lugares por donde nos condujo mi atajo, Diana y yo llegamos a Crisol. En Crisol, nos reunimos con todo el clan en la sección de libros infantiles, y comenzó la discusión para decidir dónde almorzaríamos. Las dos alternativas más fuertes eran: La Pava y el QFC. Finalmente, el lugar escogido fue el Quentaqui Fraid Chiquen.
Caminamos hasta llegar al QFC y una vez dentro decidimos que teníamos que tener una forma chévere de entrar a los sitios. Después fuimos a lavarnos las manos y nos detuvimos para recordar nuestras infancias en la zona de juegos para niños menores de 10 años. Bajamos, pedimos la comida y esperamos...ah, pero un pequeño detalle, al pedir la comida, dije que me llamaba Gumercindo...y lo tuve que deletrear.
La comida fue...como cualquier otra comida...mejor dicho, como cualquier otra comida del clan, osea llena de tonterías, chistes y demás. Quizás lo más resaltante es que nos estafaron con el Mega Party coso que pedimos, porque no nos dieron 8 sino 2 piezas de pollo.
En fin, una vez que terminamos, fuimos a la casa de Diego caminando. Después de una breve parada en el gimnasio y algunos minutos de no hacer nada, empezamos a construir las cometas. Mientras el clan construía, Barba y yo tuvimos una épica batalla que hizo temblar cielo y tierra, y que eventualmente decidimos suspender para qwue nadie más resultara herido por los furiosos embates de fuerza que se dieron.
Una vez terminadas las cometas, sucedió algo que pocos esperaban: ¡Volaron! Sí, volaron, volaron tan alto que casi se perdían de vista, tan alto que las estrellas las envidiaban. Las cometas del clan conquistaron el cielo y causaron envidia hasta en los ruso porque estuvieron más cerca que ellos de llegar a la Luna. Bueno, después de eso, fuimos al encuwentro de María José y subimos a la casa de Diego a jugar monopolio. Como nadie me quería en su equipo, me encerraron en el balcón donde casi muero de frío, pero valiente mente...no morí. Cuando me dejaron entrar, terminé en el equipo de Khanscer y Barba, pero no nos fue muy bien.
Eventualmente vinieron a recoger a Daniela, quien se llevó con ella a María José. El juego siguió por un rato, hasta que llegaron a recoger a Diana, que jaló a Barba. Poco después surgió la idea de hacer una piyamada con los que quedábamos, pero se canceló y así finalmente terminó esta reunión.
AH, me olvidaba un detalle, parece que los rusos estaban tan envidiosos de nuestras cometas, que las derribaron y cuando fuimos a verlas de nuevo ya no estaban. Pero bueno, ya pagarán por aquella insurrección, porque tenemos a su peor pesadilla: ¡KHANSCER!!!!
Bueno, ¡e-ee-ee-e-eeso es to-todo amigos! Hasta la próxima reunión.
Un saludo,
César.